Historia

AtleticoRafaela_HistoriaAutodromo
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Primera Carrera (1919)

En 1919 Atlético organiza la primera competencia oficial. En el mes de febrero el club nombra una Subcomisión de Carreras integrada por José Simonetta, Adolfo Bircher, Emilio Picasso, Federico Bollinger, Eduardo Ripamonti y Francisco Soldano.

El 25 de mayo de 1919 se larga la primera carrera de automóviles en la que intervienen 7 corredores: Angel Gallé, Antonio Valenti, Juan Colombetti, Jorge Cohen, Juan Macci y Oberdán Piovano.

El grupo de audaces pilotos se alineó sobre bulevar Lehmann y calle Alem, ese fue el lugar de la largada de un intenso recorrido de 320 km. que uniría Rafaela con las localidades de Lehmann, Ataliva, Sunchales, Tacural, Morteros, Brikmann, Porteña, Luxardo, San Francisco, Clucellas, Saguier y Susana.

El vencedor de esa prueba histórica fue Oberdán Piovano con un coche Overland con el que realizó el recorrido en un tiempo de 4 horas, 9 minutos y 2 segundos, con un promedio de 77,349 km/h. Segundo fue Juan Colombetti con Studebaker y tercero Juan Macci con Chevrolet.

Así fue el principio del automovilismo en Atlético de Rafaela. Una de las historias más ricas de este deporte en Argentina. En este proceso genuino, y siempre ejemplar, está la clave para comprender cómo fue posible que desde este club del interior del país, un buen día todo Indianápolis, sus pilotos, sus máquinas y hasta su propio estilo competitivo llegara a la Argentina, atraído por una convocatoria que no reconoce igual.

Así surgía la otra pasión, la que pronto destacaría al club y a la ciudad en los más altos conceptos y niveles del país y el mundo.

Las 500 Millas Argentinas (1926-1975)

La posibilidad de las 500 Millas Argentinas cobró fuerza y su realización fue abordada por la Comisión Directiva. El 3 de marzo de 1926 se dispuso definitivamente encarar la atrevida idea y el 27 de marzo en el libro de actas del club se deja asentado que: “estando todo dispuesto favorablemente se correrán las primeras 500 Millas Argentinas”.

El 6 de junio de 1926 a las 7 de la mañana 29 autos hacían tronar el piso de tierra. Más de 40 mil personas esperaban la largada. La carrera se disputaría en un circuito de caminos vecinales, ubicado a 2.000 metros al Oeste de la hoy Ruta 34, en la prolongación del Bulevar Roca, Un dibujo de aproximadamente 37 Km que debía ser recorrido en 21 oportunidades y así encontrar una equivalencia gaucha de las 500 Millas Gringas en Indianápolis.

Se pusieron en marcha los cronómetros desde un vagón de tren que a un costado constituía un lugar preferencial para las autoridades de la competencia entre ellos los fiscalizadores enviados desde Buenos Aires por el ACA (Automóvil Club Argentino). Ruido de motores, gritos, aplausos, huellas, tierra por el aire, se largaron las 500 millas, la gran historia empezaba a escribirse.

A las 2 horas de carrera se desató un temporal para que la competencia fuera más dramática en la lluvia y el barro. Domingo Bucci, quien figuró como el primer inscripto en la nómina se había situado en el liderazgo con su automóvil Hudson y ahí permaneció hasta que finalmente llegó la suspensión. El reloj marcaba 2 horas, 15 minutos y 1 segundo de carrera.

Pasarían semanas para que se retome la prueba deportiva, se produce una fuerte ruptura de relaciones entre Atlético y el Automóvil Club Argentino. La confusión ganó a muchos y las desprolijidades propias de la inexperiencia hicieron que se cometieran muchos errores al reanudar la prueba después de muchos intentos y postergaciones.

Recién el 29 de agosto de 1926 se reanudan las 500 Millas Argentinas. Fue ese entonces el momento donde Raúl Riganti, piloto que llegó desde Buenos Aires y se convirtió en el memorable ganador del primer gran carrerón de la República Argentina.

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Llegando al final

El comienzo de la década del ´70 marcó la etapa final de las inolvidables 500 Millas Argentinas. En 1970 y 1971 los triunfos fueron para el recordado Jorge Cupeiro con Chevrolet. En 1972 llegaría la única victoria del Dodge en la prueba rafaelina, de la mano de Angel Monguzzi.

Las últimas tres ediciones de las 500 Millas fueron para Torino. En el ´73 ganó Néstor García Veiga. En 1974 el halago recayó sobre Víctor Hugo Pla. Y la última edición la ganaría el querido Rubén Luis Di Palma.

Como no podía ser de otra manera, el fin de semana que debía disputarse originalmente esa prueba, la lluvia se hizo presente. Solamente se llegó a realizar la prueba clasificatoria del viernes 6 de noviembre. La Confederación Argentina de Automovilismo determinó que la carrera se desarrolle una semana después.

Por esa razón, el domingo 16 de noviembre de 1975 se inscribió como la fecha en la que se realizaron las últimas 500 Millas Argentinas. Fueron 49 años y 37 competencias que serán recordadas por siempre en toda la ciudad, no sólo por los fanáticos tuercas, sino por todos los que vivieron esa etapa irrepetible de la historia del automovilismo nacional.

Gran Premio Internacional (1947)

Cuando la guerra terminó, gran parte del territorio europeo había quedado devastado, muchas de las grandes fábricas de automóviles habían sido víctimas de los bombardeos y su recuperación era lenta y dificultosa. Los pilotos que no habían perdido la vida en el frente de batalla se acercaron a las fábricas que aún estaban en pie y ofrecieron sus servicios. En 1946 todos recibieron con mucho interés los rumores sobre la realización de una serie de carreras de autos de Grand Prix en la República Argentina.

El Automóvil Club Argentino planificó una serie de pruebas con la idea de ofrecer nuevos horizontes a los grandes bólidos del viejo continente y también a la industria automotriz. América del Sur, con la temporada Argentina, abría sus puertas con dos carreras en Buenos Aires, una en Rosario y además se estableció con las autoridades del Club Atlético de Rafaela hacer correr una cuarta prueba en un circuito urbano en plena ciudad.

Atlético preparó un circuito ciudadano, parte adoquinado, parte de hormigón, con una extensión de 2.141,75 metros, que comprendía el bulevar Santa Fe, a mano derecha, desde la Jefatura de Policía hasta las vías del Central Argentino, volviendo sobre el mismo bulevar por su mano opuesta hasta calle Urquiza; viraje y corta recta hasta la avenida Mitre, la cual los devolvía a la Jefatura.

Llegaron los ases Varzi, Villoresi y Raph. El primero con su Alfa Romeo 308; el segundo con su Maserati y los hermanos Oscar y Alfredo Gálvez con Alfa Romeo.  En las pruebas de clasificación el mejor tiempo lo logró Oscar Alfredo Gálvez girando a 1m15s2d, a un promedio de 102,530 km/h, seguido por Pesatti, Varzi y Bizio.

Pintaba todo para que un argentino arrebatase al fin los laureles a aquellos, hasta entonces, imbatibles europeos. Todas las condiciones estaban dadas para que la presencia de argentinos y extranjeros en el escenario callejero rafaelino, convoque a una verdadera multitud, pero una inoportuna lluvia a partir de la noche del sábado 15 y que se prolongó por espacio de varias horas, impulsó a los dirigentes a confirmar la suspensión de la carrera.

Recién el sábado 29 de marzo de 1947 volvieron a rugir los motores en pleno centro de Rafaela. Varzi, Villoresi y Raph, tres extranjeros que después fueron primeros pilotos de la futura Fórmula Uno, luego de la suspensión por la lluvia lamentablemente, no pudieron volver a competir en Rafaela.

La línea de largada de la principal competencia tuvo a Juan Gálvez (Alfa Romeo), Oscar Gálvez (Alfa Romeo), Victorio Rossa (Maserati), Italo Bizio (Alfa Romeo), Pablo Luis Pesatti (Alfa Romeo) y los coches de Mecánica Nacional de Mario Sessarego, Ernesto Nanni, Gonzalo Llaser y el representante de Rafaela Jorge Ternengo, con un rendidor Whippet de 7 bancadas. No pudieron largar el otro rafaelino José Fanto y Clemar Bucci por inconvenientes en sus autos.

La bandera a cuadros determinó el primer triunfo de Oscar Alfredo Gálvez en este tipo de circuito, al mando del rojo Alfa Romeo Nº 8. Oscar había empleado para las 40 vueltas un tiempo de 53m20s, a un promedio de 96,307 km/h. Segundo resultó Italo Bizio (envuelto en humo), seguido por Juan Gálvez, Mario Sessarego, Ernesto Nanni y Jorge Ternengo.

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La consigna era traer Indianápolis a Rafaela, algo que de ninguna manera se veía como sencillo de concretar. Sin embargo, al sueño, a la utopía se le sumó trabajo, esfuerzo, perseverancia.

Las 300 INDY (1971)

Con tratativas comenzadas en 1970, Clarence Kagle, el supervisor del trabajo, dio el visto bueno para que, en el renovado Autódromo de Rafaela se puedan disputar las 300 Indy. El costo de la competencia fue de 90.000 dólares que hubo que depositar en el mes de enero de 1971 en el Banco Nacional de Indianápolis, más el traslado de la delegación compuesta por 137 personas.

El domingo 28 de febrero de 1971, a las 15.25, cuando Tony Ullman, el propietario del legendario autódromo de Indianápolis, tomó el micrófono y en un confuso castellano dio la conocida orden de apenas seis palabras: “señores, pongan en marcha sus motores”, de pronto el aire quedó prendido con el rugir de casi 20.000 HP y la escena pareció escapada de la pista de Indiana.

Vibró el cemento y el corazón de los espectadores latió a mil por hora, fue un momento inolvidable para los presentes, una sensación que nunca olvidarán. Transcurrido el tiempo reglamentario la bandera a cuadros cayó sobre el ganador, Al Unser, quien tripulaba un poderoso Colt-Ford, con turbo compresor y 700 HP de potencia.

También quedó para Rafaela el promedio más alto realizado en cualquier circuito del mundo, la vuelta record a 278,861 km/h, lograda en las pruebas de clasificación por Lloyd Ruby con el Mongoose-Ford N: 12. Finalmente Rafaela había tenido su Indianápolis, atrás quedaron proyectos esperanzas, posibilidades y concreción.