Autódromo “Ciudad de Rafaela”

Autodromo-Ciudad-de-Rafaela

El predio

El club ya venía organizando carreras en caminos rurales y las “500 Millas Argentinas” ya eran un clásico nacional. El 26 de enero de 1953 se realizó una asamblea extraordinaria para comenzar a tratar el tema de la construcción del autódromo.

En la Asamblea Extraordinaria del lunes 23 de febrero de 1953 se decide la compra del terreno para levantar el futuro autódromo donde iba a descansar definitivamente la solidez de las 500 Millas y otras importantes jornadas de automovilismo, y al mismo tiempo, el prestigio y afianzamiento de la institución. La Asamblea autorizó por aclamación y de pie la adquisición del terreno, dando uno de los pasos más importantes en su vida deportiva.

Con respecto al terreno que reunía las condiciones adecuadas para la obra, era propiedad de Faustino Ripamonti Ltda., ubicado a 4 kilómetros al norte de la ciudad y con unas dimensiones de 2200 metros de norte a sur y 600 metros de este a oeste (134 hectáreas).

La pista

La construcción del circuito la llevó a cabo la Empresa de Calixto Marcos; un óvalo de tierra de 4.662,60 metros, de 12 metros de ancho con dos rectas de 1.477,10 metros y dos curvones de 854,20 metros con un peralte del 7% en sus curvas.

Si se hiciera una ligera comparación con las demás pistas de renombre mundial, llegaríamos a resultados netamente favorables para la nuestra. Por ejemplo, la famosa de Indianápolis tenía en 1953 un recorrido total de 4.020 metros y las rectas llegaban a una longitud de 1.010 metros.

La inauguración del nuevo circuito tuvo lugar el 2 de agosto de 1953 con Juan Gálvez como vencedor. El óvalo de tierra se utilizó desde aquel 2 de agosto de 1953 hasta el año 1964, momento en el que se corrió la edición 27 de las “500 Millas Argentinas”.

Pavimentación

Durante los años 1965 y 1966 se concretó el sueño de pavimentar el óvalo para inaugurarlo en setiembre de 1966. El domingo 4 de setiembre de 1966 se realizó la edición número 28 de las “500 Millas Argentinas”, la primera en el óvalo pavimentado del Autódromo Ciudad de Rafaela, que fue ganada por el porteño Jorge Cupeiro, con un Chevrolet.

Varios años después, y siempre manteniendo la idea de superarse y de lograr tener uno de los mejores autódromos de esta parte del mundo, el club pudo concretar la construcción del paredón perimetral. Primero se realizó el curvón norte y la recta principal. Luego se completó todo el perímetro, lo cual terminó de darle una fisonomía imponente al trazado rafaelino.

 

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